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La incógnita de la Terapia Gestalt

BosqueleslieEn muchas ocasiones mis conocidos y amigos me preguntan qué es eso de la Gestalt y cuál es el papel de un terapeuta. La verdad es que ante estas preguntas me surgen dos opciones, o bien darles una charla sobre la Terapia Gestalt; características, orígenes, técnicas y tantos otros aspectos relativos a la Gestalt, los cuales están seguramente mejor resumidos en la Wikipedia; o bien simplemente les digo que la Terapia Gestalt es básicamente un camino que una persona decide tomar en un punto de su vida. Dicho momento suele ir antecedido por algún suceso crítico de la vida; una ruptura sentimental, la muerte de un ser querido y tantas otras situaciones de crisis personal que nos conectan con emociones desagradables como la tristeza y el dolor. Este dolor, aunque desagradable y fuente de sufrimiento, también nos recuerda que estamos vivos, y suele hacer surgir en nuestro interior una voz que nos hace replantear aspectos vitales de nuestra existencia, como el trabajo, la relación de pareja o bien simplemente nos motiva a querer conocer más sobre nosotros mismos.

La Terapia Gestalt apoya y acompaña a la persona en este proceso personal, con el objetivo que encuentre las respuestas a todas sus preguntas. El camino conduce a la persona a ampliar su visión respecto a las relaciones que mantiene consigo mismo y con su entorno. Cuando la persona se abre a este abanico de posibilidades también toma conciencia de como se bloquea y daña a sí mismo, por tanto a partir de este punto puede decidir si seguir sufriendo o bien tomar la responsabilidad sobre su vida. La responsabilidad personal significa contactar con aquello que uno necesita, ser consciente de las necesidades propias y tomar las acciones oportunas para satisfacerlas. El camino fluye haciendo que poco a poco el individuo se permita la libertad de dejarse ser. Siguiendo esta filosofía, el terapeuta adopta un papel de guía en el camino, su labor es hacer que la persona se formule aquellas preguntas que hasta ahora no se había planteado por sí mismo. El profesional de la Gestalt ejerce su labor terapéutica desde los principios de confidencialidad, respeto y no juicio en el trato con el cliente. El terapeuta Gestalt no es una figura de autoridad, tampoco es un consejero ni un juez.

Si actualmente te encuentras en un punto de tu vida en el que sientes que hay algo que no acaba de funcionar, te sientes perdido o bien te encuentras atravesando una época de crisis personal, puede ser un buen momento para empezar un proceso individual de Terapia Gestalt. En SQGestalt somos un equipo de profesionales que podemos acompañarte y guiarte para que encuentres tu camino.

Leslie Beebe
Terapeuta Gestalt

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Creencias

angelesCuando una semilla, decía uno de mis profesores, cae en tierra fértil, crece y se desarrolla como aquello que está preparado para ser; sea árbol, flor, o arbusto.
Imaginaros una semilla de roble que cayera en terreno baldio. Sin sustrato con qué alimentarse. Quizás con pocas o excesivas horas de sol. O que, para obtener agua, tuviera que alargar enormemente sus raíces por el suelo. ¿Cómo sería el árbol resultante? Sin duda, su forma posterior estaría adecuada a las condiciones en las que tuvo que crecer.
Así ocurre con nosotros. Caemos en un terreno familiar que se nutre de determinadas creencias. Las cuales, por supuesto, estarán, a su vez, insertas en un campo de creencias sociales, culturales y, para una mujer, patriarcales. El ser que somos irá aprendiendo a potenciar todo aquello por lo que recibe mayor aprobación, al mismo tiempo que reprimiendo o negando todo aquello que no es bien recibido en su entorno.
Cuando mi hija era pequeña, solíamos pasar las tardes de invierno en una ludoteca de barrio.  En ella, los niños disponían de todo tipo de juegos y juguetes: pelotas para psicomotricidad, toboganes, colchonetas, y también una enorme casita de tela, equipada con menaje, tabla de planchar…cochecitos de bebé, muñecos… Uno de los niños que compartía juego con mi hija, adoraba pasear a su muñeco en el cochecito. Era su juego preferido: cada tarde, invariablemente, al llegar a la ludoteca el niño iba rápidamente en busca del cochecito. Su madre le ofrecía alternativas: coches de carrera, caminones, pelotas, piezas de construcción…en vano. Eric, que así se llamaba, lo rechazaba todo y sólo quería recorrer los pasillos empujando aquél cochecito donde estaba su “bebé”.  Su madre no aceptaba estas preferencias, y, aunque no se oponía, no se mostraba satisfecha. En cambio, fomentaba aquellos juegos que, sin duda, ella consideraba más propios de un varón. Su felicidad y su contrariedad notorias tuvieron su efecto. Tiempo después, Eric ya no jugaba con el cochecito que, misteriosamente, desapareció de la ludoteca.  Alguna vez hizo un amago de jugar en la casita de tela y, siempre, buscaba primero la mirada de su madre.
No sé qué habrá sido de él de mayor, pero así conformamos nuestro caracter, y también incorporamos a nuestro inconsciente una información preciosa que, años más tarde, va a condicionar nuestras elecciones en la vida.
Una mujer acude a terapia. Lleva dos años intentando ser madre, en vano. Incluso recurriendo a costosos y dolorosos tratamientos de fertilidad. Ha sufirdo varios abortos espontáneos y ha empezado a tener ataques de ansiedad y de pánico. Finalmente, decide abandonar el proceso y ocuparse de su ansiedad. En las sesiones, empezamos a descubrir lo que para ella significa la maternidad, más allá de su consciente. Rastreando en su pasado, podemos encontrar la ambivalencia de lo vivido como hija, que ha creado en ella un rechazo o un temor a repetir el rol de su madre y su abuela: ambas, mujeres trabajadoras, fuertes y positivas que, en el hogar, adoptaban un rol de sumisión y de sacrificio. Inconscientemente, ella asoció maternidad a renuncia, abnegación y sometimiento. Y en esa creencia, su cuerpo rechazaba una y otra vez la posibilidad de alumbrar un bebé.
Cuando en terapia Gestalt hablamos de encontrar la autenticidad, nos referimos a ir identificando aquello que somos de aquello que hubiéramos preferido ser y tal vez silenciamos, olvidamos, postergamos.
Y hablamos también del coraje de ser como somos, siendo fieles a nuestro ser y no a nuestros mandatos, ya sean familiares, sociales, culturales, patriarcales.

Autora: Núria Rocasalbas

Com ens parlem

Normalment tenim una visió de nosaltres mateixos opaca, ens percebem com un tot únic i indivisible. Tanmateix, en un procés terapèutic un pot començar a detectar -per així dir-ho- diferents personatges interiors que parlen al mateix temps. Diria fins i tot que de vegades criden, intentant fer-se sentir per sobre dels altres, i així acabem per perdre’ns entre tants.

És habitual dir “jo sóc així”. Per exemple,
sóc llest, sóc alegre o sóc simpàtic. En aquesta afirmació es deixa de banda la possibilitat de, de vegades, no ser llest, de sentir tristesa o de tenir un mal dia i no poder estar simpàtic. Perquè, què passa amb mi quan m’adono que no estic sent tan llest com en teoria hauria de ser? Qui no s’ha dit alguna vegada Que no es noti que no ho entenc? O si la tristesa fa acte de presència i vol canviar-me el semblant alegre que en teoria hauria de tenir. No serà potser que tinc alguna dificultat per ser al món des de la tristesa? I si enlloc d’estar simpàtic, un dia estic de mal humor o qualsevol altre estat anímic. De ben segur que tenim motius.

Reconèixer els personatges que ens habiten ens ajuden a desidentificar-nos i ampliar la mirada sobre nosaltres mateixos.

Com ens parlem, foto d'Elke Vogelsang

Com ens parlem, foto d’Elke Vogelsang

Un d’aquests personatges que val la pena identificar és el del jutge interior. El jutge interior és una veu autoritària, fins i tot, dictatorial, que pot resultar menyspreadora, acorralant i aclaparadora. Sona més o menys així: Has de fer-ho millor. Has de ser més amable amb els altres. No et fa vergonya? Estàs fent el ridícul. No està malament però no és suficient! T’has d’esforçar més! Si continues per aquest camí, quedaràs com un ximple i tots es riuran de tu. Una altra vegada!.

Les seves frases cauen com a mandats i són dites en un to contundent i rotund que semblen no deixar cap dubte de la nostra incapacitat. Mai és suficient, ni prou bo, segons aquesta veu.

Així ens podem arribar a parlar i a tractar a nosaltres mateixos, qüestionant i minant les nostres capacitats.

Per Eulàlia París

El trabajo con sueños en la Gestalt

 

sueñosLa interpretación de los sueños suena a quimeras alquímicas o a noctámbulos y alevosos programas televisivos de relleno a las tres de la madrugada, con adivinos, quirománticos y ectoplasmas publicitarios para los insomnes.

Sin embargo, en la terapia Gestalt se utilizan los sueños como fuente de información del inconsciente. Está científicamente demostrado que los sueños son un ejercicio de compensación de nuestra mente para procesar y reordenar la actividad cognitiva que hemos tenido durante la vigilia. Sin los sueños, la conciencia se embota. El descanso nocturno no sólo es necesario para reponer fuerzas físicas sino también psíquicas. ¿Y cómo se lleva a cabo esta compensación?

Mientras dormimos, nuestro “consciente” baja la guardia y nuestro inconsciente puede campar más a sus anchas. Por raro y sorprendente que nos parezca, nuestro inconsciente nos conoce mejor que nosotros a nosotros mismos. Toma imágenes almacenadas en los recuerdos, las mezcla con ideas abstractas, introduce algún elemento vivido justo la misma tarde antes, para “decorar”, y nos explica una historia complicada, inverosímil, a veces angustiante… y a veces terrorífica (las consabidas pesadillas). Y esta película que nos presenta el inconsciente es un mensaje cifrado, metafórico, que nos habla de nuestras necesidades, nuestros anhelos, nuestros miedos más profundos y nuestras neuras, más ancladas en nuestro organismo de lo que podíamos suponer.

En la terapia Gestalt no se “interpretan” los sueños, y menos con ayuda de libros en los que se establecen paralelismos entre imágenes y conceptos. En la Gestalt se trabaja con ellos como en una sesión terapéutica, se “traducen” acompañando al soñante en el descubrimiento de ese mensaje oculto a través de asociaciones, emociones, imágenes y sentimientos. Y tampoco se encasillan dentro de lo racional, pues está demostrado que hay sueños que pueden ser incluso premonitorios.

Aunque los símbolos que aparecen en los sueños (por ejemplo, un caballo blanco, o un río caudaloso) dependen mucho de la emoción que suscitan en el soñante, sí que existe una cierta relación con arquetipos ancestrales. Por ejemplo, se suele relacionar mucho el agua con las emociones. El caballo (o cualquier otro animal) con nuestra parte más instintiva, etc. No obstante, los terapeutas no sacamos conclusiones. Es el soñante que nota cómo se van relacionando estas imágenes oníricas con sus propias emociones.

Los terapeutas podemos, con cierto “entrenamiento”, autoanalizar nuestros propios sueños, aunque no hay nada como el acompañamiento terapéutico por parte de un experto, pues como cualquier mortal, también podemos “pasar por alto” determinados mensajes (y entrecomillo “pasar por alto” porque no es un despiste cualquiera, sino la conciencia, que decide que eso… mejor lo dejamos de lado y vamos a por lo facilillo…).

Cuando recordamos un sueño consideramos que la conciencia “lo deja pasar” porque ya estamos preparados para descubrir, comprender e integrar su mensaje. Muchas veces nos despertamos y pensamos que no hemos soñado nada. Sí que hemos soñado, y varias veces durante la noche; sólo que al despertarnos se activa un filtro que borra esos mensajes, porque probablemente no estamos aún preparados para entenderlos.

Para trabajar un sueño hay que experimentarlo en presente y en primera persona, hay que escenificarlo parándonos en las distintas escenas por las que transcurre. Todo el contenido del sueño tiene su mensaje: las personas, los objetos, las formas, las voces,… todos son proyecciones nuestras que, de forma encubierta, nos envían un mensaje. A medida que vamos entrando en el sueño analizamos la estructura de las distintas escenas (suelen ser tres) que dividimos cada una en los capítulo de localización, intriga y desenlace. Podemos centrarnos en un solo objeto o una sola persona, o trabajar lentamente varias situaciones del sueño. Y con sólo ver lo que se anota en esta tabla de tres escenas por tres capítulos ya nos comienza a dar una pista importante sobre el mensaje oculto.

A medida que revivimos el sueño con los ojos cerrados y experimentándolo en el presente, vamos percibiendo las emociones que nos provocan, vamos estableciendo relaciones y, bien guiados, podemos alcanzar algún punto nuclear de nuestra, así llamada, “neura”.

Los trabajos con sueños son una herramienta muy eficaz para complementar una terapia. Nos abren nuevas posibilidades y nos desvelan rincones del inconsciente que nos avisan sobre temas pendientes. La creatividad oculta del inconsciente humano es, sin lugar a dudas, mucho más sorprendente de lo que, en conciencia, podamos creer.

Autor: Miguel Núñez – Terapeuta Gestalt

El iceberg

iceberg_clevenger_SQGestalt_Sant Cugat

Observa esta imagen. Verás una gran masa de hielo: una gran parte de la masa está sumergida bajo las aguas. Otra parte, comparativamente más pequeña, emerge.

Si tomamos esta imagen como metáfora de cómo funciona lo inconsciente y lo consciente en nosotros, nos podemos hacer cargo de la gran influencia que tiene lo insconsciente en nuestra vida.
Todo aquello que no vemos sería la parte sumergida.

Pero que no lo veamos –o no lo podamos o queramos ver- no significa que no esté y que funcione. Y, ¿qué es lo que normalmente no queremos ver?: tristezas, angustias, miedos, inseguridades, dolores y pesares de todo tipo.
Que no los veamos, que no contactemos con ellos, no significa que no estén, que funcionen y nos limiten.
Entrar en un proceso terapéutico desde la Gestalt puede ayudarnos a clarificar esos aspectos que emborronan nuestras vidas.

 

Perspectivas de la Terapia Gestalt

Vivir en Paz

Dali-1Todos queremos vivir en paz… pero ¿en paz con quién? ¿En paz con los demás, o con el entorno? ¿… y qué tal en paz con nosotros mismos?.

Porque no podemos vivir en paz con los demás si no aprendemos a vivir en paz con nosotros mismos, con nuestra esencia más profunda, con nuestro propio ser. Y este ser queda en la mayoría de la población occidental escondido, acorazado y deformado por las influencias de la sociedad actual. Y bajo “sociedad actual” se entiende aquí el entorno laboral, en la propia familia, así como también lo aprendido en la infancia, en el entorno vivido desde el nacimiento.

Vivir en paz significa conocerse a uno mismo en profundidad. Y cuando nos conocemos de verdad sabemos identificar nuestras emociones, sabemos tomar conciencia de nuestro cuerpo, del cual forma parte nuestra conciencia, nuestra mente, nuestras emociones y nuestros instintos. Tomamos conciencia de lo que es nuestro y de lo que es ajeno a nosotros. Y la cantidad de cosas ajenas a nosotros que nos influyen, nos guían e interrumpen nuestra propia esencia interior es inmensa, imperceptible… pero inmensa.

¿Quién no ha fracasado en sus relaciones amorosas, se ha divorciado, se ha sentido culpable, se esfuerza constantemente por conseguir metas profesionales sacrificando las propias necesidades? Ojo, no se trata de egoísmo: se trata simplemente de SER, de dedicarse a la ACCIÓN en lugar de a la REACCIÓN. Se trata de pensar de forma individual y no colectiva, de no dejarse arrastrar por lo que la actual sociedad nos impone de manera subrepticia (Debes tener un coche flamante, adelgaza, haz deporte, vota a XXX, hazte un lifting,… etc). Ni tampoco de aquello que aprendimos e hicimos nuestro sin pensarlo. Lo que “tragamos sin masticar” (“los hombres no lloran, debes ser fuerte, córtate el pelo, los hombres se aprovecharán de ti, las mujeres deben someterse a sus maridos, no muestres tus sentimientos, desconfía de todo el mundo,…etc).

Se trata de hacer lo que hagamos CON CONCIENCIA PROPIA.
Se trata de respetarnos y de aprender así a respetar a los demás.
Sin culpas, sino con responsabilidades.

Sin angustia, sin celos, sin rencores, sino con AMOR (palabra muy desgastada, desvirtuada, ridiculizada y frecuentemente confundida con SEXO). Ese amor incondicional por la vida misma, bloqueado por las expectativas, las exigencias, las masas, el exceso de (des)información…

Descubrir nuestro propio ser, nuestras necesidades, nuestra parte consciente y nuestro inconsciente es la meta de una Terapia Gestalt. En la terapia Gestalt, el terapeuta acompaña a su cliente (que no necesariamente “paciente”) a descubrirse a sí mismo. No se trata de curar un mal, sino de facilitar un crecimiento personal.

El terapeuta acompaña en el descubrimiento de las emociones, de las propias capacidades, de la individualidad; acompaña en la capacidad de detectar y reconocer las situaciones inconclusas, centrándose más en el CÓMO reaccionamos o nos boicoteamos, que en el POR QUÉ lo hacemos.

El “por qué” es pasado, y conviene conocerlo para quedarnos con lo bueno, con lo que ha supuesto en nuestro camino, único e irreversible. Y el terapeuta ayuda a controlar las angustias y ansiedades, pues solo son proyecciones de un futuro que no existe. Al centrarnos en el AQUÍ y el AHORA, descubrimos que es el único momento que realmente podemos vivir, y que empobrecemos cargándolo de tristezas pasadas y angustias futuras. Nos convertimos en observadores de nosotros mismos y aprendemos a escucharnos y a escuchar a nuestro entorno desde la validez completa de nuestro ser.  La fotografía que ilustra esta entrada nos muestra a la persona “saliendo” del mundo que lo aprisiona. Ése es el objetivo del crecimiento personal.

Y puedo asegurar que la mirada, la actitud, los sentimientos y la vida misma mejoran considerablemente.

(Miguel Núñez – Terapeuta Gestalt – Director de SQGestalt)